lunes, 29 de diciembre de 2008

Balance Negativo


Como pasó cuando te encuentro, recostado en ese antro de estrellas, más allá de lo que pudieras comprender, más allá de lo que un poco de sangre pudiera decirte; nada más tragedioso que un querer furtivo, ese pasito de tango cortito y veloz al son de un frenético bandoneón; “Fandango” me susurraba al oído, como si cayeras en dulce rocío sobre mí, como si dieran las 5 de la mañana y yo aquí frente a la ruta suicida con las luces altas y un buenas noches mis amigos de la milonga, el apuro de tus dedos trajinosos y descalzos entre efímeros trozos de vidrios incrustados en lo más profundo de mi pudor.
Como si quisieras atrapar estas letras que siguen rápidas la salida, que han encontrado donde refugiarse, que han conseguido trascenderte. Te llamo entre sonoras prisas en mi cabeza y un traqueteo como de anestesias llevando carbón, JA, JA, JA me dijo el payaso mirándome con esa cara de drogado tan típica de él, cayendo en una depresión a tiempo completo, raspando el suelo con próceres de papel, con una figura paterna sempiterna, con anemonas anónimas y otras mierdas.
Te quise con un gesto de rebeldía y casi amenazaste con esperarme todas las vueltas del reloj en la soledad de mi cama, y no volviste a la hora de la luna nueva, cuando el padre de aquella mujer se fue de este mundo, ¿O acaso no fue así?; entonces nadie entendía el porqué del ritual, ese que festejábamos pensando en familiares jadeando al ritmo de estertores de muerte en la acera fría, dándome la aprobación, el visto bueno para jalar la absurda palanca y lanzarle todos esos voltios de amargura sin azúcar y sin decirle nada, ni un solo aviso o advertencia ante tan infame acto de valentía, como perseguir terneros desarmados, o hacer fila ante tristes cadáveres plastificados.
Dame una fecha de vencimiento, te lo ruego, antes de que esta fuerza familiar me sofoque y aplaste, la santísima trinidad gritándome al unísono que me voy a hundir y el fondo de la botella donde se me entrecruza una de esas galletas de la fortuna en las que tú no crees.
Dame un pausa de aire refrescante y luces titilantes de casas apáticas, dame represión y una huida descriteriada, dame valores que pueda desechar como envoltorios de pura mierda, dame un rostro para mostrar y un engaño de novedad.
Dame el crédito de tus labios esperándome bajo el ulular del melancólico cielo raso y turbulento, con el mostacho encrespado a no poder más, balbuceando arengas que ya pasaron; dame tus dígitos para tatuármelas en mis miembros amputados y transcribirlos en lo menos oscuro de mis huesos. Dame la incertidumbre de sentirte respirar detrás de mí y sobre mi cabello, que necesito dudar un poco del motivo obvio, del sí que de verdad es sí, de una confesión que no ha sido arrancada bruscamente, un roce con las dos últimas teclas… ¡AHÍ VA! Gritando como si el mundo viniera detrás y ya no estuviera dando vueltas, cual bailarina de cabaret con los pies chuecos nacidos frente a un estudio de siútico ballet y los golpes siniestros en el techo, como pequeños pasitos bajando fugazmente entre la niebla y mis prejuicios.
Agitemos el pañuelo de forma violenta y sanguinaria que ya no pienso quedarme un minuto más soportando orgásmicamente este hedor a sociedad.
Dame instrucciones para seguir este rastro de perfume que desaparece y se esfuma del otro lado de la esquina, y el rinconcito sudoroso que sirve como escondite cubierto de humo de colores a lápiz labial y un naranjo en flor que observa espantado los nombres tallados a carne viva y algo que paranoicamente consideraste un corazón y yo considero un insulto. Ya casi puedo sentir al ventilador arrastrándome.
¡VIVA ESTE REINADO FALSO Y SILENCIOSO! Que no te vean el rostro si quieres arrastrarte al triunfo, que te apaguen los cigarros sensuales en el vientre y tiernamente dejen manchones negros en tu carne, al igual que una caricia ruda, una presentación incógnita y una decepción al sacarte la venda, y ver el techo volverse tierra.
A ras del miedo te hallo en mis silencios.
Y en pos de este pánico que transpira, me huiré de ti y el fervoroso premio robado. Perseguiré sediento el ocaso de tu boca helada, para beber el suave recuerdo de los dolores ya pasados, y seguir esta confusa senda en la cuneta, como si fuera a venir el cambio impulsado en una carreta tirada por ansiedades insoportables.
Como si no te cansaras de oler todas esas falsas flores y el arreglo de crisis nerviosas que te dejé sobre la mesa. Rumbo al adiós me lleva este abrazo sordo entre tantas sucias miradas que sostienen ese cruce de maderas sobre la faz de nuestras cabezas. Dame un retorno, para aspirar nuevamente el afán de insistir llorando a carcajadas frente a tu casa.
Un repetitivo epíteto sobre tu cuello quebrado y el razonamiento mas errado en el que se rebalsan los humildes celos, el viaje vuelta al hogar, el pecado original, la sopa primordial sazonada con saladas alegrías ensayadas. Dame una orden para poder ignorarte en el clímax de esta locura sin nombre que es sentir que ya no siento y el mundo se me cierra despacito en torno a todo lo que eras tú.