lunes, 17 de noviembre de 2008

Sentir de no ser parte

Aqui, desde un rincon no tan perdido de esta inhospita ciudad, me hundo en el sopor de un humito pasajero.
Observo atentamente como pasa la gente debajo de este cielo azul, matizado por nubes casuales.
Parecen como extraños, como si no fueran de aquí, como esa cantidad comercializable de turistas que invaden todavia mas las calles principales cada cierto tiempo, mientras en los pasajes oscuros, los barrios sin glamour se esconden tras las paredes pintarajeadas, entre consignas inútiles, y un sonido costero.
Nunca me he sentido muy parte de aquí, de todos modos. Quise perderme en el furor de un sentimiento compartido por la tierra, y no lo logre. Al final, yo también me considero como un extraño. Como si no debiera deambular debajo de estas luces titilantes, mientras los autos pasan fugaces a mi lado. Tampoco me altero mucho por esto. No es que necesite poder llamar mio a un pedacito del terreno que piso todos los dias, sino que mas bien quisiera poder saber que deseo poder llamar mío. Solo quisiera fundirme en un deseo visceral de pertenencia, como cualquier otro que sintiera orgullo al hallarse parte de algo.
Mas por rutina, que por un propio sentir, me llamo tuyo, y fingo ser parte de esta masa de personillas del fin del mundo, que parecen estar de más en una ciudad impotente frente a la marea arrolladora del desarrollo e imperturbable frente al vertiginoso ir y venir de tantos apátridas soñadores.

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